lunes, 16 de enero de 2012

PASEO A QUINTANILLEJA


Vista de Quintanilleja desde el camino
Vista del pueblo desde la carretera de Haro. Cartel de la Riojilla.

El 3 de enero fui a Quintanilleja con mi hermano. La idea principal era ver el estado de la piedra de San Vitores y si podíamos hacer algo. Lo pensé mejor y  busqué la opinión de un experto, así que llamé a Frutos para que nos acompañase.
Vimos la piedra y Frutos opinó que había que hacer un encofrado y preparar algo de hormigón. Como no íbamos preparados y la obra era más seria de lo que pensaba en un principio, dejamos todo como estaba. Habrá que contar con la colaboración y dirección del Ayuntamiento. Así que cuando pueda ya sabe donde tiene tajo.
Frutos y Lucio en el cartel de los morales.

Nos quedamos Lucio y yo solos. Decidimos recordar viejos tiempos y visitar lo que queda del pueblo y sus alrededores. Mi madre nació en Quintanilleja y nosotros hemos estado muchas veces cuando aún estaba en pie la casa de los abuelos. En ese momento llegó Fonso, que es de la misma familia, y como es mayor que nosotros recordaba muchas más cosas. Nos estuvo dando una lección magistral de los últimos años de vida en el pueblo y los pasamos estupendamente. Nos quedamos con la anécdota de los enterramientos de tres hombres de San Millán, ajusticiados en las cercanías durante la guerra civil. Supongo que no tendrán familiares que quieran acogerse a la ley de memoria histórica, ya que el sitio donde se encuentran sus restos parece que está bien identificado.
Lucio en solar de la casa de los abuelos

Lucio al lado del molino de los Medrano
Morales sin hojas
Restos de la iglesia de San Millán
Lucio y Fonso al lado de la iglesia
Casa de Pío. La única que queda medio en pie.
Fonso abonando en la pieza de Las Poyatas


Completamos el recorrido bajando a visitar los restos de los molinos. Primero pasamos por los morales, que están muy chulos con las ramas desnudas. Parece que el trabajo que realizamos hace unos años colocando piedras en las bases para que no se cayesen ha dado sus frutos y tienen buena pinta.
Pasamos por el molino de los Medrano y seguimos por las huertas hasta llegar al molino de Ciri. En ambos comprobamos la solidez de su construcción, sobre todo los arcos por donde tenía que pasar el agua. Dimos un paseito por la ribera y vuelta  a casa.
Siempre que paso por Quintanilleja tengo esa sensación agridulce, dulce por los buenos recuerdos que me trae y triste al ver el estado actual del pueblo que prácticamente están desapareciendo hasta las piedras.
Valle de las cinco
Lucio en el molino de Ciri
Restos del molino de Ciri
Yo en la ribera 
Lucio en nuestra huerta con la nogala al fondo



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